Culturalmente, el agradecimiento, tiene múltiples expresiones. La más sencilla, es la utilización de la palabra o término: gracias. Gracias, por todo.
La acción de invertir tu energía en agradecer tiene un inmenso poder. Es ese algo que he integrado. Este ejercicio mental de reflexionar sobre todo los motivos por los que tengo que sentirme bendecido y desde mi punto de vista, la manera, independientemente de la religión que profesamos, de cómo lo expresamos; es una acción como rutina diaria que nos permite iniciar cada mañana al hacerla un hábito al despertar, decir la palabra GRACIAS.
La gratitud la entendemos como un estado anímico del ser humano, producto del mundo interior, espiritual, que se manifiesta externamente mediante diversas expresiones, las cuales denotan un sentimiento: el de estar agradecido por algo recibido o por alguien cuyo actuar causa en nosotros el deseo de agradecer.
La gratitud revela un estado interior de la persona que al exteriorizarse da señales o signos de satisfacción y felicidad y, consecuencialmente, de estar bien.
La gratitud no debe confundirse con subordinación, obediencia, sumisión o resignación. No, la gratitud eleva al ser humano, lo valoriza en sí mismo y en su relación con el otro. Tampoco, la gratitud debemos confundirla con el cumplimiento del deber. Cumplir con una obligación es un deber personal, susceptible de agradecer, más como comportamiento social, signo de educación, que, como contraprestación.
Con la gratitud debemos tener particular interés porque está determinada por factores socioculturales y contextuales.
Existen persona y grupos sociales en los que la práctica del agradecer no forma parte de su mundo cultural. Otras personas y pueblos han hecho del agradecer un patrón cultural y el mismo se integra al proceso de formación familiar y educativo, al punto, que, no agradecer por algo o por alguien, se considera, entre otras cosas, ser mal agradecido y falta de educación.
Es frecuente, el recriminar de padres a sus hijos por no dar gracias ante cualquier gesto que signifique una entrega, un regalo u obsequio. Dar gracias es estar agradecido. Y, se entiende como un patrón cultural, en ocasiones, una costumbre, el agradecer se convierte en regla de convivencia social.
En nuestras sociedades del mundo occidental y, seguramente, en todas las culturas, con influencia marcada por determinados comportamientos sociales e ideologías religiosas, ser agradecido, agradecer, tiene un importante significado.
Agradecer al despertar
Veamos solo a modo de ejemplo lo común que puede ser en la mayoría de nosotros al despertar, al primer momento de abrir los ojos. Lo primero que se nos viene son los “todos” (los quehaceres) y saltamos de la cama a cepillarnos los dientes y mientras eso ocurre estamos pensando en que tenemos que despertar a los niños y asegurarnos de su maletín. En la reunión de trabajo del día de hoy, o en el examen, o en las deudas, o en amores no correspondidos.
Si adicionalmente, nos permitimos a la vez estar escuchando noticias en la radio o en la televisión, donde nos inundan de hermosas noticias sobre lo mal que estamos como sociedad, país o mundo, estamos alistándonos para un día lleno de atraer solo cosas como lo que estamos pensando.
Se agradece lo bueno y lo malo. Se agradece lo bueno, en primer lugar, por la vida, por la existencia, por los bienes que disponemos, por la calidad de vida, por estar y ser, por la convivencia social, por los dones que tenemos, es, así, que, para los cristianos o para los musulmanes, por ejemplo, necesario es dar gracias al Creador, al Universo, por la vida, por cada amanecer, por la existencia y la de nuestro prójimo.
Los ritos religiosos en cualquier cultura son símbolos o formas de agradecimiento al dador de la vida. La práctica religiosa de los católicos de asistir a misa, cuyo no cumplimiento se estima pecado, o, la de dar gracias a Dios, gracias a un Santo por los favores recibidos; los musulmanes el ir a la Meca; los judíos, el guardar el sábado y asistir a los oficios religiosos en la sinagoga, son, todas, expresiones de agradecimiento.
En los Estados Unidos de Norteamérica se dedica un día a dar gracias: “Día de Acción de Gracias”, cuya celebración se hace acompañar de una serie de costumbres, entre ellas, la reunión familiar, algo similar a la “cena de navidad” en otras culturas.
Pero, también debemos agradecer lo malo. Lo malo actual, puede ser bueno posteriormente. Un refrán popular lo dice sencillamente: “No hay mal que por bien no venga”. Un mal puede convertirse en un bien, por lo que debemos agradecer lo malo que nos suceda.
Agradecer ante las adversidades
Suena contradictorio pensar que poder sentir agradecimiento en momentos que tenemos problemas, y tiene todo el sentido cuando invertimos mucha energía en pensar en el problema y no en la solución, en pensar en lo que podría ser una oportunidad para agradecer de mejora, de cambio o incluso de aceptación para dejar ir cosas y personas de nuestra vida.
Muchas personas han pensado, y hablado en los últimos años sobre la maldición que ha supuesto el COVID19 como pandemia global. Ciertamente, miles perdieron a seres queridos que en su mayoría conocían una enfermedad prexistente, otros las desconocían.
La media en gran parte responsable de la enorme energía mal invertida en buscarle todo lo negativo a un evento que simplemente por las razones que haya aparecido, mantenían a todos en un constante estado de miedo, en algunos casos particulares, como comenté antes, pero para la mayoría sana del mundo obligada a enfrentarse a otros problemas que aparecerían de inmediato, en el corto y mediano plazo y por su puesto siempre en nuestra responsabilidad del cómo lo gestionamos.
Cuántas enfermedades fueron adquiridas durante esos encierros. Cuánto dinero fue invertido para solo pocas manos, y cuántas pérdidas de empleo en favor de los colosos fueron borrados.
A continuación de ese evento y luego la inflación como el impuesto más democrático viene como una de las grandes consecuencias de quienes en el poder tomaron las decisiones que entre otras, enfrentó a millones ante un fenómeno que nunca habían vivido.
Las facetas del agradecimiento
Existe una faceta del agradecimiento que muy poco suele ser significada. Nos referimos al agradecimiento como consecuencia, fidelidad y acompañamiento. La expresión “mal agradecido” o “desagradecido” da cuanta de una recriminación a la persona que no es consecuente, fiel o solidario con la persona de quien se ha recibido un favor o un gesto de amistad o cordialidad.
Ser desagradecido es, también, un comportamiento social que denota muchas cosas. Indiferencia, menosprecio, mala educación, etcétera, pero, puede ocultar algo más, por ejemplo, un resentimiento social, pues, se piensa que el otro está obligado a dar y por ese dar yo no debo agradecer.
El agradecer está unido al merecimiento. Mi actuar de determinada manera merece ser agradecido. El agradecimiento es demostración de un estado pleno de satisfacción consigo mismo y con la vida que hemos decidido conscientemente vivir socialmente.
Mi proceso: una forma de agradecer
Cada uno de nosotros tiene su historia, construida en base a las elecciones que cada quien ha tomado consciente o inconscientemente a partir de circunstancias y eventos durante la vida. Cuando nos detenemos a mirar atrás y ver con ojos de quien busca entender el cómo nos sentimos, del por qué estamos viviendo “la vida que nos toca”
En ese paseo del vivir, un día leyendo un libro elegí que ya no quería la vida profesional que había construido por 30 años, antes de esto, en un evento casual elegí que quería construir una familia en solitario, ante la larga espera de una pareja con quien construirla. En otro momento, elegí mudarme de país, de idioma, de continente, no siendo la primera vez que lo hacía, pero esta vez motivado por el “llamado de la sangre”. Solo se puede ser guiado si tomas la decisión e inviertes en ti.
Cada uno de esos eventos tenía un para qué y así logré un buen día identificar a partir de unir los puntos que me llevaba mi memoria a rememorar para lograr entender porque habiendo hecho las cosas en el aspecto profesional de una cierta manera con matices semejantes en dos momentos y circunstancias diferentes, había recogido diametralmente retornos diferentes, cuando había empezado de cero, había logrado fortuna, cuando había empezado con mucho dinero, había logrado perder fortuna.
Situaciones similares en mi vida financiera, y mi vida personal que pueden ser contadas con los dedos de mis manos se repetían, al punto que un día alguien me sugirió, me llegó incluso a pedir que por favor escribiera lo que estaba viviendo en esa etapa de mi vida personal, donde las coincidencias y sincronicidades brotaban de la nada, señalándome el camino, aunque a veces se sentía doloroso el transitar.
Fue así como agradecí todo lo que viví, todo lo que aprendí, cuando elegí tantas cosas en el pasado, porque esas elecciones o inversiones me habían empoderado en el hombre vulnerable en el que me convertí, y la mejor manera de contar todo ello era aventurándome a escribir un libro.
Bonitão: El poder de saber quién soy es mi manera honesta de decir gracias por todo lo vivido. En la sección libro encontrarás el acceso por si te interesa conocerme íntimamente.
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Mi consejo: el agradecimiento en tu hábito
Si nos tomamos cinco o hasta dos minutos para agradecer en silencio, pensando en positivo en todo lo bueno que tenemos, en todo lo especial que somos, en todo lo bien parecidos, lo bien que trabajamos, lo bien que estudiamos, lo bien que nos relacionamos con otros, lo bien que nos queremos, empezaríamos el día con una actitud positiva energéticamente cargada para afrontar las siguientes horas por venir.
Es una práctica diaria que, si la hacemos con verdadero interés en crear ese resultado, será muy rápido un hábito tan simple como el saltar de la cama y cepillarte los dientes.
Con la certeza de que te iniciaras el hábito de agradecer cada nuevo día, como oportunidad e inclusive en aquellos momentos no tan gratos que nos permiten verlo como una opción.
Te invito a compartir, comentar, y a crear esa nueva realidad en tu vida
¡Gracias por invertir en ti!

