En este artículo, te invito a conocer cómo logré integrar la visión de que todo en la vida es una inversión y que la clave está en cómo lo hacemos, es decir, en el proceso de invertir. Para ello, te hablaré de mi experiencia y comprensión sobre por qué todo en la vida es una inversión, donde el retorno siempre dependerá de cómo lo hagamos. Finalizaremos discutiendo la importancia de invertir en nosotros mismos y darle un sentido de valor a nuestras experiencias.
Mi experiencia previa
A lo largo de mi vida, han sido muchas las enseñanzas que hoy en día puedo decir con propiedad me han hecho ver el mundo de forma distinta. En gran parte de ella estuve, como muchos, pensando siempre en mil cosas, con una relación tirante con el tiempo, con las personas que me rodeaban y, eventualmente, conmigo mismo.
Había vivido 30 años de mi vida como un lobo de Wall Street; lo tenía todo. Estaba en la cima profesional y laboral como nunca me lo hubiese imaginado. Y entre esa intensidad, un día me detuve y lo primero que hice fue prestar atención.
Empecé poco a poco a conectar los puntos entre los momentos en los que mi vida, en diferentes ámbitos, había obtenido retornos positivos y en otros en los cuales, por el contrario, a pesar de tener más información, dinero y experiencia, el resultado fue un desastre.
Aunque ambos momentos eran diferentes en apariencia, identifiqué un patrón similar entre ellos, en cómo había hecho las cosas, desde la intención hasta la ejecución. Así entendí e integré que nada de lo que había hecho había sido en vano. A partir de entonces, elegí hacer de mi propósito de vida enseñar a otros que todo en la vida es una inversión.
El proceso de invertir
Mi vida dio un vuelco cuando el proceso de inversión comenzó a tener sentido entero, hasta que entré que todo es una inversión con sus retornos y, por supuesto, con sus riesgos, porque nada es libre de riesgo. Este concepto comenzó a ser parte activa de mi cotidianidad y, al internalizarlo en mi manera de proceder, llegué a la conclusión de que la clave de cualquier inversión es cómo la hacemos.
Evaluación de las inversiones y sus retornos
¿Alguna vez te preguntaste por qué hacías algo con total facilidad y obtenías lo que querías, mientras que en otro momento intentabas hacer lo mismo y todo se enredaba hasta alcanzar la sensación de frustración al no saber qué estaba aconteciendo y por qué ahora todo te salía mal? La respuesta está en el proceso de invertir.
Yo pasé primero por evaluar el recorrido de altas y bajas en mi vida financiera, así como en todos los eventos de envergadura en el ámbito profesional. En esos eventos, llegué a cohesionar equipos de personas sin mayores recursos y tuve resultados positivos, que comparé con eventos en los que, pese a repetir el procedimiento e invertir enormes cantidades de dinero, no obtuve los mismos resultados. Lejos de eso, fueron totalmente diferentes.
Allí me detuve a reflexionar sobre lo mucho que había “invertido” en tiempo, dinero y energía, ponderándolos con los retornos obtenidos. ¡Guau! Fue un descubrimiento al encontrar el eslabón perdido que tanto me fue esquivo.
Llevarlo a mi vida personal fue un viaje tipo serie por capítulos, prestando atención, cual observador pegado a la pantalla, sobre el peso de mi estilo de vida para que tuviera un mismo patrón.
¿Cómo invertimos?
Cada inversión de tiempo, dinero y energía estaba relacionada con los retornos obtenidos en mis relaciones personales, familiares y sentimentales.
A cada inversión que me planteaba revisar, sólo me hice una sola pregunta: ¿cómo lo hice? Y rápidamente el resultado fue una evidente conexión. Desde entonces comprendí por qué había tenido la pasantía de 30 años en los mercados financieros: para integrar en mi vida el mantra: todo en la vida es una inversión.
La importancia de cómo invertimos y por qué estamos realizando esa inversión atrae los retornos directamente asociados, y solo al hacernos conscientes de que todo lo que ponemos intención tendrá resultados.
La atención consciente, una clave para la inversión
Puedo comenzar preguntándote: ¿cuántas veces, mientras te cepillas los dientes o el cabello, lo haces prestando atención a si lo estás haciendo de forma correcta? Y si lo haces de forma inconsciente, sólo porque corresponde, entonces te pregunto: ¿en qué piensas cuando lo haces?
Estar consciente en la inversión que se está realizando, como ese acto cotidiano de cepillarse los dientes, te abre un mundo de posibilidades a partir de la experiencia de las decisiones que tomamos en función directa de causa y efecto.
Por ejemplo, estar consciente podría permitirte valorar la aparición de las caries como el retorno de una inversión inconsciente del cepillado, que ahora acarrea inversión de tiempo, dinero y energía al tener que pasar un par de horas en tratamientos odontológicos.
Cada actividad que realizas implica un proceso de inversión con sus riesgos y retornos, como te comenté antes. Es por eso fundamental prestar atención consciente en cómo lo estamos haciendo para comprender así el resultado de lo que creamos.
De allí la importancia de estar presentes en el aquí y en el ahora para ser totalmente conscientes del proceso de invertir en todas las actividades que realizamos en nuestra vida diaria. Ahora bien, esa habilidad de centrar nuestra atención en el presente nos permite encontrar el equilibrio y desarrollar nuestras capacidades.
Entonces, invertir involucra seriamente una intención. A la vez, implica manejar las expectativas y tener en cuenta el riesgo asociado. Por eso, lo primero es hacer sólo aquello que quieres hacer y hacerlo bien. En esa decisión, es ideal que esté presente la certeza de que aquello es lo que quieres hacer. Si lo hacemos bien, saldrá bien.
La mejor inversión es invertir en ti
Hasta este punto hemos establecido la importancia de la atención consciente en la inversión. Este proceso no es simple, porque implica una ruptura de muchos patrones que están asociados siempre con el dinero.
Desde pequeños, nos acostumbramos a relacionar la palabra invertir con todos los procesos que involucran intercambio de dinero, cómo gastar, utilizar, mover, usar o manejarlo para obtener beneficios.
La visión fragmentada de la inversión deja a un lado, según mi criterio, el activo más importante y significativo en el que invertir: uno mismo. Al invertir de forma consciente en nuestra vida y en todas las actividades cotidianas, podremos darle un mayor sentido a todo lo que hacemos, porque todo en la vida es una inversión.
Warren Buffet, considerado el mejor inversor de dinero del mundo, destacó varias veces esa inversión en uno mismo. Uno de sus consejos es enfocarnos en cómo invertimos para mejorar nuestros talentos, porque “cualquier cosa que inviertes en ti, la recuperas multiplicada por diez”.
Cada día más personas cambian su proceso de inversión, ya no desde una intención económica, sino que se enfocan en invertir en uno mismo para lograr muchos fines, pero especialmente para encontrar su bienestar financiero.
Por eso, la primera inversión que te invito a ejecutar es invertir en ti. Para ello, el dinero no es la primera necesidad; el enfocarte en tu propósito te permitirá tener presente cuáles son tus prioridades en los diferentes ámbitos de tu vida.
Todo en la vida es una inversión como experiencia de vida
Desde mi experiencia, puedo decir que, después de hacer el análisis de todos mis procesos de inversión, logré unir los puntos. Desde entonces, toda inversión en la que emprendo en cualquier área de mi vida tiene una intención alineada con mi propósito de vida, lo que ha generado los retornos que quiero y casi siempre de la manera que no me lo espero.
Si tuvieras que establecer una lista de prioridades para invertir y obtener retornos en diversas áreas de tu vida, ¿cuál activo sería el primero de tu lista? ¿Cuál elegirías?
Todo en la vida es una inversión. Es una visión que te invito a analizar porque te va a dejar claro que el principal activo en el cual has de invertir tiempo, energía y dinero eres tú mismo. A partir de allí, conectarás con la sabiduría de tu ser interior.
Esa sabiduría es mi guía a la hora de invertir de manera consciente en cada tarea, actividad o decisión, inclusive cuando las cosas no salen como las esperaba. Y hasta cuando invierto horas intensas de trabajo, con mi vida familiar y de ejercicios, al punto que me están diciendo que es momento de descansar para luego sentir de vuelta y conectar.
Ahora te invito a que comiences a reflexionar y nos encontremos en el próximo artículo para seguir conversando sobre los procesos de inversión implícitos en diversos aspectos de tu vida cotidiana, por ejemplo, en el desarrollo de una vida financiera con libertad. ¡Te espero!
¡Gracias por invertir en ti!

